lunes, 1 de diciembre de 2008

Caos intelectual


(Obra de Diego Rivera)


Caos intelectual
Por: Yellow Brown

Los hechos monótonos de un país convulsionado y desordenado nos obligan a tener fija la mirada ante las realidades que nos golpean con estruendo y confusión.

Anteriormente, en un artículo que leímos a cerca de la Universidad, vimos algunos problemas y falencias, que someramente no tenían ninguna consecuencia. Sin embargo, hoy viernes, 28 de noviembre, interpretamos que las consecuencias son otras. Una universidad sin proyectos de lectura y cultura productora de conocimiento y transformación para esta sociedad decadente, conservadora e ignorante, es un colapso de institución. ¿Cómo quieren las Directivas, el Rector, el Gobierno, la Sociedad y los Estudiantes que no se lleguen a acciones de hecho, cuando ellos mismo son las que las impulsan? Pues bien, aquí existen varios factores: por un lado, la falta de procesos de lectura, la aniquilación del arte, el deterioro del ocio y la meditación; el desconocimiento de la historia desde los libros, periódicos, museos, música, pintura, escultura, danza, etc., es un primer factor extenso y diríamos, el responsable total de los hechos que han sucedido en nuestra pequeña y abandonada universidad (UIS).Otro factor, que se desprendería del primero, es el problema de conceptos, discursos, ideas, creencias, supuestos; la manipulación de la información en los medios de comunicación; la falta de espacios para la expresión, la falta de grupos para hacer espacios para la expresión; la formación de grupos con fundamentos de odio, venganza y alienación; las políticas de represión, la persecución tanto imaginaria como real, la utilización de fuentes como caracol, rcn y periódicos de los mismos; el rechazo constante a nuevas perspectivas, al trabajo constante, a la creatividad, a la música verdadera, a los alucinógenos…podríamos analizar dos factores inmensos con demasiadas variantes que serían otros factores y volveríamos a un circulo pequeño del eterno retorno sin hallar respuesta alguna. En otras palabras, lo que se debería hacer es pensar en nosotros mismos, en cada uno como individuo responsable de muchos de los factores mencionados. Desde lo individual hacia lo colectivo debe hacerse la meditación, es decir, somos existencialmente responsables de lo que sucede a nuestro alrededor con nuestra realidad; aquí nadie es víctima ni victimario, todos somos parte de esta gran jauría humana que se destroza sin desgano.

Finalmente, les dejamos con unas palabras de Henry Miller, y antes una aclaración, no intentamos esclarecer algo, solamente decidimos confundirlos más en horas de reflexión e introspección:

“Cuando pienso que la tarea que el artista se asigna implícitamente es la de derrocar los valores existentes, convertir el caos que lo rodea en un orden propio, sembrar rivalidad y fermento para que, mediante la liberación emocional, los que están muertos puedan ser devueltos a la vida, entonces es cuando corro gozoso hacia los grandes e imperfectos, su confusión me alimenta, su tartamudez es música divina para mis oídos. (…) En un tiempo pensaba que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso de decir que soy inhumano, que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡pertenezco a la tierra!” (Trópico de Cáncer, Club Bruguera, 1977)

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